Nosotros, como habitantes de esta comunidad, hemos sido testigos de la transformación que ha sufrido nuestra montaña a lo largo de los años. Esta transformación ha tenido tanto cosas positivas como negativas, sobre todo en consecuencia al sostenido crecimiento y popularidad de los deportes de montaña.

La cordillera es un lugar mágico, un lugar en donde podemos lograr una profunda conexión con la naturaleza, un lugar que nos permite llenar nuestros pulmones de pureza, sintiendo ese frescor que renueva nuestro espíritu. Sus paisajes son un regalo, los colores de la puesta de sol sobrecogen, su silencio, hoy en día un bien muy escaso, es igualmente una bendición. La naturaleza y la montaña no necesitan de nuestra intervención para ser hermosas, la armonía y la belleza es natural, vienen por defecto. Una vez intervenida, debemos ser capaces de lograr recuperar la belleza a través de nuestras construcciones, armónicas con el paisaje, con el entorno.

Como gente de montaña, habitantes de esta tierra en las alturas, tenemos la responsabilidad de hacer valer nuestros valores, los que nos ayudarán a mantener la armonía y la calidad de vida que queremos que se respire dentro de nuestra comunidad. Como decía Mahatma Gandhi “Seamos el cambio que queremos ver en el mundo”. Demostremos a través del ejemplo, con nuestra palabra y nuestros actos. Transmitamos el mensaje, un mensaje que perdure y se continue nutriendo por generaciones.

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